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Te busqué

Y te busqué durante más tiempo del que probablemente imaginas, por qué no fue algo que decidí una mañana, ni una curiosidad que apareció de pronto. Esto, fue una búsqueda hecha de preguntas, de nombres incompletos, versiones contradictorias y puertas que muchas veces se me cerraron antes de que pudiera explicar por qué estaba tocando.

Te busqué como un niño ilusionado que busca su juguete favorito… entre cajas viejas, debajo de la cama y en rincones donde incluso los adultos ya dejaron de observar. Te busqué como un navegante, pero sin mapa, sin velero y sin una sola certeza de que llegaría a puerto. Tuve que juntar los pedazos de una historia que me entregaron rota, de una historia en la que pregunté, dudé, lloré, donde escuché muchos “no”. Me tragué vergüenzas que no me correspondían y soporté humillaciones solo porque detrás de todas ellas existía la posibilidad de encontrarte.

Y cuando parecía que ya no había nada más que hacer, volví a empezar… Una vez, y otra, y otra más. Entonces durante años pensé que te buscaba porque quería saber quién eras, pero ahora entiendo que también estaba buscando una parte de mí. Quería saber de dónde venían ciertos gestos, ciertas facciones, algunas preguntas que aparecían cuando me miraba al espejo, quería encontrar el otro lado de una historia que siempre sentí incompleta. Quizá pensaba que, al encontrarte, algo dentro de mí finalmente encontraría su lugar.

Tal vez también me aferré a la idea de que podía existir algo distinto a lo que había vivido antes, algo más cálido, menos confuso, o no sé, quizá solo alguien que no me pidiera ser fuerte para merecer cariño. No te buscaba para recuperar el tiempo, siempre tuve claro que los años no podían devolverse y que ninguna conversación iba a borrar la ausencia, así que tampoco esperaba que, por compartir la sangre, de pronto supiéramos cómo querernos.

Pero sí imaginé que después de una búsqueda tan larga encontraría curiosidad, paciencia, el deseo de conocer la historia de la persona que había llegado hasta ti. Porque mientras tú no sabías que yo existía, yo sí sabía que había alguien allá afuera, alguien sin nombre claro, sin rostro y sin dirección, pero presente de una manera extraña en mi vida. Y es que, si algo aprendí, es que una ausencia puede ocupar mucho espacio, puede sentarse a la mesa sin que nadie la invite, apareciendo en las fotografías, en los documentos, en las preguntas de la escuela y en los silencios de una familia.

¿Sabes?, a los 13 años llegué a pensar que podía ir, cruzar un puente y preguntar dónde encontrarte. Durante mucho tiempo recordé esa idea con pena, planear el escape con mi amiga, y encontrarte. Me sentí ingenua, y tonta, y dramática, y avergonzada. Pero ahora, gracias al paso de la vida, aprendí a mirar a esa adolescente de otra manera, por qué ella, nunca fue tonta.

Ella solo estaba intentando resolver con los recursos de una niña una pregunta que los adultos habían dejado abierta; y que tampoco fue dramática, porque había una ausencia real, una historia incompleta, y una parte de sí misma que quería conocer.

Y lo hizo, creció, preguntó, insistió y te encontró. Aunque encontrarte no significó encontrar todo lo que imaginó. Pero bueno, la verdad es que los finales, a veces están lejos de ser felices, porque no siempre llegan como una respuesta, ni con un abrazo, ni con explicación, y menos con comprensión. A veces una búsqueda termina únicamente cuando una se da cuenta de que llegó tan lejos como podía llegar, y quizá ese también sea un tipo de cierre.

El hecho de saber que no me rendí, que hice todo lo que estaba en mis manos, que atravesé el río, aunque tuviera que hacerlo sola, hoy me permite decirle a aquella adolescente que sí llegó al otro lado, que encontró a la persona que buscaba, aunque no necesariamente encontró el lugar que había imaginado junto a él

Y eso duele, sí, pero también trae una forma extraña de paz, porque ya no tengo que pasar el resto de mi vida preguntándome qué habría ocurrido si lo hubiera intentado.

Así que me quedo con el intento, con la búsqueda, y el encuentro. Pero ahora también me corresponde aprender a soltar…a soltar la vida que imaginé después de encontrarte.