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Entre Olvido y Esperanza: La Misión de Eddie Canales por la Justicia y la Memoria

Cuarenta grados. Murió a tres kilómetros de la última estación de agua.” La voz de Eduardo   ‘Eddie’ Canales no temblaba cuando me lo dijo, pero sus ojos sí lo hacían. “Aún no sabemos su nombre.” Así empezaba cada historia en el Centro de Derechos Humanos del Sur de Texas: con un cuerpo anónimo y una vida interrumpida. Eddie me enseñó que, en la frontera, la diferencia entre la vida y la muerte muchas veces es un galón de agua, y una sociedad que cree, es mejor no mirar.

Para Eddie, fundador del Centro y a quien conocí cuando apenas iniciaba mi carrera como reportera, los retratos de inmigrantes que reposaban en su oficina se habían convertido en el motor y la causa que lo impulsaban a buscar respuestas. Desde la madre desesperada que anhelaba encontrar a su hijo, hasta la mujer que llevaba años sin saber de su marido, cada rostro representaba una oportunidad: la de evitar que nadie más muriera en el desierto tejano en un intento fallido de alcanzar lo que, del otro lado del muro, les había sido negado.

El trabajo nunca fue fácil. Cada día, había que cargar una camioneta  y atravesar las polvorientas carreteras de Falfurrias, Texas, para colocar galones de agua en contenedores azules. A veces, esos esfuerzos se veían opacados; Eddie me aseguró en 2016 que agentes de la Patrulla Fronteriza vaciaban los depósitos. Sin embargo, cerca de 200 estaciones de agua, colocadas estratégicamente, se convirtieron en un aliento para los migrantes en un recorrido traicionero. En medio de un calor abrasador, que oscilaba entre 35 °C y 40 °C, la falta de agua podía llevar a la muerte en cuestión de horas.

No era posible que alguien que cruzara el desierto, sufriendo hambre y sed, simplemente muriera sin un nombre que lo recordara. Movido por esta inquietud en 2014, Eddie Canales y otros activistas presionaron para la implementación de una ley en Texas que exigía que los cuerpos no identificados fueran sometidos a pruebas de ADN, abogando por su exhumación. Para Canales, esta lucha no era contra el desierto, sino contra la indiferencia de un sistema que había enterrado a migrantes en bolsas de basura, de cadáveres o de compras, como si fueran meros desechos, olvidando que cada uno de ellos era un ser humano con una familia, una historia y un legado.

Gracias a la lucha y firme decisión de Eddie Canales de que la justicia y la humanidad prevalecieran, hasta el año 2017 se habían logrado identificar los restos de 20 personas, encontradas bajo pequeñas placas con el nombre de la funeraria Ángel Howard-Williams, que, según indicaron funcionarios del condado de Brooks y de Jim Hogg, había estado encargada de llevar a cabo el entierro de inmigrantes a inicios de los años 90.

Pese al cansancio físico de un recorrido de 76 años de vida y las huellas de pelear contra un cáncer en etapa 4, Eddie Canales continuó su incansable labor hasta su último día, negándose a permitir que más personas murieran sin una oportunidad y a prolongar el dolor de cada familia sin respuesta. Demostró que en cada cuerpo que parecía olvidado había una persona con un sueño apagado, pero también un ser humano cuya historia y dignidad merecían ser reconocidas.

El esfuerzo de Eddie Canales no se extinguió con el día de su muerte; al final, su lucha por los migrantes seguirá siendo un faro de humanidad, en una tierra, a veces desolada por la indiferencia

Para don Eddie Canales, el de la sonrisa cálida, el que ofrecía abrazos sinceros, el de las piernas firmes y corazón guerrero. Gracias por todo y, por tanto. Hasta pronto.

Todas las fotografías utilizadas en esta narrativa fueron obtenidas del Facebook de “South Texas Human Rights Center”

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